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Con la designación de Freddy Rojas Parra, como ministro de Hacienda, Rafeal Caldera repotenciaba relaciones con Fedecámaras |
En diciembre de 1997, Luís Raúl Matos Azócar renuncia al Ministerio de Hacienda. Los escándalos en torno a su gestión eran demasiados. La buena conseja política lo llevó a buscar la salida menos traumática. Su salida del gobierno terminó con el enfrentamiento entre el Congreso de la República y el poder Ejecutivo, pero su nombre estaba embarrado en varios casos de corrupción que fueron desde ``las colitas de Pdvsa'' hasta la negociación fraudulenta con papeles del Estado, pasando por aquel casi olvidado caso de pececitos de colores y las frutas exóticas de la OTAC.
Todos fueron conocidos por la Comisión de Contraloría de Diputados y ahí quedaron. No hubo pronunciamiento de Salvaguarda y la Contraloría General de la República anunció que continuaría investigando la participación de Matos en el doble pago a una empresa vendedora de armas, en lo que se conoció como caso Samana. O la relación de su hermana con el lavado de dólares en el Banco Industrial, sucursal Miami.
Matos Azócar -apasionado Lusinchista- tenía el apoyo del dúo dinámico Caldera-Alfaro Ucero. Su renuncia fue una estrategia para darle tiempo al tiempo. Caldera, por boca de su excitado ventrílocuo Teodoro Petkoff, había anunciado que Matos seguiría en el Gobierno, quizá entre bastidores.

